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lunes, 31 de agosto de 2009

Ataques a defensores de derechos humanos‏

Tanto en la Colombia de Uribe, como en la Nicaragua de Ortega, o la Venezuela de Chávez, ser defensor de derechos humanos parece ser una profesión de alto riesgo y muy estigmatizada por los gobiernos.

Si hay una tarea que suele ser incomprendida por la gente es la de defensor de derechos humanos. Si son atacados a agredidos, se tiende a creer que es un asunto político, un problema de ellos que nada tiene que ver con los ciudadanos corrientes. Pero es exactamente al revés. Los defensores cumplen una función escencial para toda la gente porque precisamente consiste en detectar incumplimientos a estos derechos fundamentales que tiene toda persona, demandar para que se cumplan y denunciarlos para dar a conocer la situación internacionalmente.
Ellos son quienes vigilan que se cumpla la Declaración Universal de Derechos Humanos emitida por las Naciones Unidas hace más de 50 años, patrimonio apreciado de la civilización contemporánea.

Debido a la importancia que tienen estas personas, la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) y la Organización Mundial Contra la Tortura (OMCT) decidieron monitorear los abusos contra quienes se dedican a esta valiente labor. Entonces crearon el Observatorio para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos (OBS), que desde 1997 emite un informe anual sobre el panorama en cada continente. El más reciente, presentado este miércoles, tiene 590 páginas donde se resalta en cuáles países tuvieron más problemas estos defensores.

En el capítulo de las Américas, Colombia no salió bien librada. Organizaciones de todo el planeta que leen este balance están enteradas de las estigmatizadoras declaraciones emitidas en 2008 por el presidente Álvaro Uribe y su asesor José Obdulio Gaviria contra los defensores. Y tienen un panorama de las muertes y amenazas contra quienes velan por el cumplimiento de aquella declaración universal.

Antes de contar la situación de los defensores colombianos, el informe empieza describiendo las consecuencias del conflicto en el país. “Los diferentes actores del conflicto – las fuerzas regulares (ejército y policía), los grupos paramilitares y la guerrilla – cometieron violaciones de derechos humanos y del derecho internacional humanitario bajo la forma de, entre otros, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones y desplazamientos forzados, torturas y secuestros, en contra de la población civil”, dice.

Ataques desde el gobierno

Con fecha y palabras exactas, el informe cita los comentarios del presidente Álvaro Uribe contra quienes desarrollan esta labor en el país, como el que hizo el 6 de mayo de 2008 en Montería. Allí, Uribe dijo que “hay personas en Colombia, como el doctor Iván Cepeda. Ellos se arropan en la protección de las víctimas. Y la protección de las víctimas les sirve para tener ONG que piden plata en la comunidad internacional. La protección de las víctimas les sirve para instigar la violación de los derechos humanos en contra de las personas que no comparten sus ideas. Y nada les pasa. La protección de las víctimas les sirve para ir al extranjero a desacreditar el Gobierno de Colombia y a desacreditar las instituciones colombianas…”, reseña el documento.

El primero de noviembre, en un consejo comunitario en Envigado (Antioquia), Uribe se refirió al trabajo de Amnistía Internacional y Human Rights Watch y su director para América Latina, José Miguel Vivanco. “Simplemente le quiero decir al Señor Vivanco y a los señores de Amnistía Internacional que ellos no nos tienen que enseñar a nosotros de derechos humanos, ni de convicciones cristianas, ni de convicciones democráticas… Quiero recordarle al señor Vivanco que él no es el profesor nuestro en derechos humanos y que no lo recibimos como tal, que aquí le perdimos el respeto hace mucho rato”.

Para colmo, el ex ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, hizo comentarios basándose en información de las ONG que aún no era pública y que no se explica cómo la conoció.

El 9 de septiembre de 2008, Día Nacional de los Derechos Humanos, “de manera extraña, el Ministro se dedicó a lanzar numerosas críticas contra un informe que aún no había sido divulgado ni ha salido a la luz pública, y anunció su próximo lanzamiento, generando así interrogantes sobre la manera como el Ministerio de Defensa obtiene o extrae la información que manejan las ONG y las organizaciones sociales. Días antes se hicieron circular informaciones entre medios de comunicación en las cuales se asevera que entidades de inteligencia habrían logrado establecer que “detrás del Informe Final de la Misión Internacional de Observación sobre las Ejecuciones Exrajudiciales e Impunidad en Colombia” existirían personas vinculadas al PC3”, según el informe.

Además, el Observatorio para la Protección de los Defensores cita con gran despliegue los señalamientos a que fueron sometidos quienes organizaron y participaron en la marcha del 6 de marzo del año pasado en homenaje a las víctimas del paramilitarismo y los agentes del Estado.

“Altos funcionarios del Gobierno afirmaron públicamente que ésta había sido convocada por las Farc”, registra el documento. Como ejemplo, cita las declaraciones dadas por el entonces asesor presidencial José Obdulio Gaviria a Caracol Radio el 10 de febrero en ese sentido.

En consecuencia, se desató una “grave oleada de represión con amenazas, ataques e incluso asesinatos de defensores de derechos humanos y dirigentes sindicales entre los meses de febrero y abril de 2008 por haber organizado la marcha... cuatro personas fueron asesinadas”, dice.

En la mira

Aparte de ese episodio, el año pasado “siguieron las amenazas y los actos de hostigamientos contra defensores de derechos humanos en razón de sus actividades”, como la ocurrida el 10 de abril de 2008.

Ese día, el bloque norte de las Águilas Negras envió un correo electrónico a varias organizaciones del Magdalena Medio, como la Federación Agrominera del Sur de Bolívar (Fedeagromisbol), la Corporación Sembrar, el Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio, y a los sacerdotes de Regidor y Tiquisio. Los declaraban objetivos militares por ser, supuestamente, auxiliadores o integrantes de grupos guerrilleros y decían que “su nombre esta (sic) en la lista de personas no deseadas por el gobierno nacional que deben ser eliminados”.

En Nariño, el panorama fue también difícil el año pasado. El 12 de febrero, la organización Unidad Indígena del Pueblo Awá (Unipa) y otras 13 organizaciones sociales también fueron amenazas, esta vez, por el grupo paramilitar Nueva Generación. Ya finalizando el año, el 23 de octubre de 2008 volvieron las amenazas. Las víctimas fueron el Comité para la Defensa de los Derechos Humanos (CPDH), el Movimiento Nacional de Víctimas, la Humanidad Vigente y otras organizaciones indígenas. Por correo electrónico, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia los acusa también de guerrilleros y los sentencia a muerte.

Y había pasado menos de un mes, cuando el 11 de noviembre, en ese mismo departamento, recibieron amenazas la Fundación Desarrollo y Paz (Fundepaz), y de nuevo el CPDH, la Unipa y Humanidad Vigente. En esta ocasión, personas que nunca se identificaron los intimidaron por teléfono y les dijeron que tenían 30 días para abandonar la región.

Ese mismo día, fueron amenazados otros defensores, como la señora Jahel Quiroga, de la corporación Reiniciar; Fernando Escobar, personero de Soacha; el senador Gustavo Petro; Jorge Rojas, director de Codhes, e Iván Cepeda, del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice). Todos éstos habían denunciado las ejecuciones de los jóvenes de Soacha por parte del ejército.

Como parte del panorama, no podía dejarse de mencionar que el año pasado fueron asesinados 49 sindicalistas, lo que significó un incremento del 25 por ciento en relación con 2007, cuando fueron 39.

Entre los casos aterradores de muertes de sindicalistas, el informe reseña el de Guillermo Rivera, presidente del Sindicato de Servidores Públicos de Bogotá, que desapareció el 22 de abril y fue encontrado torturado y muerto dos días después en Ibagué. Su familia supo de su muerte el 15 de julio.

Y menos que se podían quedar por fuera los actos violentos contra dirigentes indígenas. Los casos son muchos, pero el informe registra con especial despliegue la muerte de Edwin Legarda por parte del ejército. Legarda era esposo de la indígena Aída Quilcué, líder del Comité Regional Indígena del Cauca, que fue una de las organizadoras de la gigantesca minga que recorrió el país el año pasado. En diciembre, estuvo en Suiza participando del Examen Periódico Universal al que se sometió Colombia ante el Comité Derechos Humanos de Naciones Unidas. Aída Quilcué fue a contar cómo es la situación de los indígenas en el país. Cuando regresó, su esposo iba a recogerla y el ejército lo mató en un supuesto retén.

Texto completo en:

http://www.semana.com/noticias-problemas-sociales/defensores-derechos-humanos-atacados-doquier/126551.aspx

lunes, 28 de enero de 2008

mil dias de impunidad a nicolas neira

Contribuido por Cruz Negra Anarquista-Bogota
lunes, enero 28, 2008
"No sólo son cobardes los que hacen estas atrocidades, también lo son los que callan"

Sí, aunque parezca imposible, hoy hace MIL días, la Policía Nacional, en un acto de barbarie, asesinó a garrote a Nicolás David Neira Álvarez, mi hijo, de 15 años de edad.

Sonrisa tierna, cuerpo menudito, manos infantiles y una visión clara acerca de la vida, como el mejor de los pensadores, a pesar de ser un niño. La imágen de su rostro tranquilo y en una calma tal, que parece estar meditando, ha quedado grabada en mi mente desde el día que lo ví por última vez su cuerpo frágil reposando dentro de un féretro camino a su morada final. Ese día sepultaron sólo su cuerpo, porque sus ideas y sus ilusiones, plasmadas en la fotografía de su rostro inteligente y sensible, recorren las calles de las diferentes ciudades de Colombia y otros países de la comunidad internacional. Esa Colombia que él amó y que movió su corazón de niño al ver las dimensiones de la violencia sistemática, las atrocidades cometidas por unos y patrocinadas por otros, en medio de la indiferencia generalizada y con la complicidad de nuestros gobernantes, o -como digo yo- de la "Autoridad Competente"...


!Qué ironía! ... Me pregunto: ¿cuál Autoridad? ¿Y será competente?.... Para mí es evidente que un buen número de policías perdieron su autoridad, cuando, vistiendo un uniforme, y amparados por el deber de controlar el orden público para garantizar la seguridad de los ciudadanos, terminaron por justificar lo injustificable, e iniciaron -como en la peor de las dictaduras latinoamericanas- un camino marcado por la barbarie de las detenciones arbitrarias, las desapariciones forzadas, las torturas y los asesinatos.


¿Qué tan competente puede ser la Autoridad, cuando hace MIL días, el caso de Nicolás, considerado como "un caso aislado", engrosa el número de expedientes en proceso de "investigación exhaustiva"? ¿Cómo es posible que dichas autoridades asuman que el asesinato de Nicolás a manos de la fuerza pública es un "caso aislado" cuando hay centenares de expedientes relacionados con casos de brutalidad policíaca contra la población civil que reposan bajo el mismo rótulo? Recordemos que dentro de los casos registrados se conoce que en 1929 se presentó el primer asesinato perpetrado por la Policía Nacional contra Gonzalo Bravo Páez. Veinticinco años después empezaron a registrarse casos similares como el de Uriel Gutiérrez, y más recientemente, el de Johnny Silva, Oscar Salas y cientos de estudiantes, por sólo mencionar uno de los diversos sectores sociales que se han visto afectados por la violencia policial.



La ponderada competencia de la Policía Nacional no ha resuelto ni uno sólo de estos casos aislados; por eso pienso, sin temor a equivocarme, que en Colombia no hay autoridades competentes, pues quienes están encargados de

proteger a la sociedad civil han terminado por racionalizar el uso irracional de la fuerza, y han abusado del poder que les otorga su posición para que sus crímenes queden en el olvido, bajo la más absoluta impunidad.

"Pá...." -solía decirme Nicolás, con la pureza de su mirada indignada y empañada por una lágrima- ".... ¿por qué la policía es tan mala?, ¿por qué le hace daño a los vendedores ambulantes cuando están trabajando, y a los niños de la calle que no tienen una casa como nosotros?, ¿por qué les pegan con los bolillos en lugar de ayudarlos?… Esas palabras, que retumban en mi memoria, me hacen pensar que el asesinato de mi hijo, un visionario de 15 años, se debió a que sus ideas humanistas y centradas en un interés social, eran consideradas peligrosas, o posiblemente contagiosas para los otros niños, ya que dentro de un orden social marcado por la injusticia y la inequidad, un niño con un pensamiento tan evolucionado como el suyo no podía llegar a ser adulto....

Así es mi hijo, y no hablo en pasado porque siento que él aún vive entre nosotros así hayan transcurrido MIL días de su asesinato. Hoy lo veo en los cientos de rostros de otros jóvenes que me han acompañado en mi dolor; que día tras día me apoyan; que tienen la deferencia de escucharme; que recuerdan a mi hijo y me ayudan a dar continuidad a sus sueños; en cada uno de ellos veo a Nicolás David, y a cada uno de ellos lo quiero como al hijo que la "Autoridad Competente" calló a garrotazos ese fatídico 1 de mayo del 2005, quitándonos a nuestro hijo, hermano, sobrino, nieto amigo, parcero, cercenando nuestras ilusiones, quitándole a la sociedad colombiana una esperanza, una idea de transformación, un sueño de país. ¿Quién les dio el derecho de apagar la vida de un niño?, ¡¡ de mi hijo!! ?

Por eso, desde mi posición de padre que ha perdido al ser más preciado, me empeño en que los sueños de Nicolás no mueran en el olvido, y considero que no podemos perder la memoria y dejar de lado la historia de otras víctimas, la historia que no circula por los medios masivos de comunicación, la historia invisible de

los torturados, los desaparecidos, los asesinados, los miles de falsos positivos, de aquellos cuya memoria ha sido distorsionada por la versión oficial de los hechos.... Creo que quien no tiene memoria está más muerto que los mismos muertos, y que una sociedad sin memoria está condenada a la reproducción del sinsentido de vivir una historia que no comprende....Por eso creo que no podemos olvidar los sufrimientos de las comunidades indígenas y afrodescendientes; de los millones de desplazados; de los educadores y los sindicalistas asesinados; de los y miles de colombianos caídos en la barbarie de una guerra que no nos corresponde a los civiles.



Ya no celebro, ahora conmemoro; ahora no pienso cuánto falta para el ingreso de mi hijo a la universidad, ahora cuento los días sin él, y hoy cuento y conmemoro tristemente que han pasado MIL días sin sus sueños; Mil días sin su sonrisa; Mil días de Impunidad; Mil días de Investigaciones Exhaustivas; Mil días de confrontar a la Autoridad Competente, impasible algunas veces, y otras -casi siempre- agresiva y amenazante; Mil días esperando que se haga justicia; Mil días caminando, recibiendo el apoyo de ustedes, los amigos que me ayudan a enfrentar mis tristezas y me acompañan en mi soledad. De ustedes he aprendido a trasformar la oscuridad en luz y la desesperanza en esperanza… Mil y Mil veces Mil gracias.

Ahora les solicito, si es del interés de ustedes, divulgar entre la gente de su entorno el caso de Nicolás David Neira Álvarez -que

hace parte de los Miles de "casos Aislados" relacionados con la brutalidad policíaca- y reenviarlo a Mil correos más, para así contar las Mil veces que el Estado cubre sus actos criminales con el manto del olvido y la impunidad, desviando la atención de la opinión pública al señalar que los únicos responsables de la violencia en nuestro país son los OTROS, los terroristas, los enemigos de la paz a quienes hay que combatir, valiéndose de todos los medios, y, como dicen las Autoridades Competentes: "eliminando la mala hierba desde la raíz"....Yo les pregunto : ¿era Nicolás una mala hierba?

El Pá de Nicolás David Neira Álvarez. Yuri Neira